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FRANCISCA GUILLEN
Predijo en 1900,
bajo una lluvia de cera, una futura guerra nuclear
De Antonio Botías
Francisca Guillen nacio en Archena, localidad próxima a La Algaida donde
hizo sus profecías la Iluminada- alrededor del año 1900.
En Murcia, contra todo pronóstico lógico, llovió cera en el verano de
1900. O, al menos, eso aseguraron las decenas de fieles que seguían las
predicaciones de Francisca Guillén, conocida por La Iluminada de La
Algaida, en Archena. Y aquel repentino chaparrón hizo brotar cruces de
los campos, que luego ascendieron al cielo como una bandada de abubillas
alocadas. Estos supuestos prodigios constituyen el fenómeno más extraño
acaecido en la Región durante todo el siglo XX; hechos que atrajeron la
atención de la prensa nacional y que acabaron teñidos de sangre y
misterio.
Todo comenzó el día en que Francisca, con 25 años de edad, una humilde
aldeana sin más conocimientos que los aprendidos en el hogar, que
compartía con 6 hermanos, se arrodilló frente a su casa, alzó los brazos
al cielo y, supuestamente, entró en éxtasis. Al principio, los
parroquianos creyeron que había perdido el juicio; pronto se
convencieron de que algo extraño le ocurría a la muchacha.
Analfabeta, nadie se explicaba la razón de que hilara tan bien sus
discursos. Estas intervenciones, que comenzaban a ser multitudinarias,
se centraban en criticar el pecado que, en su opinión, atenazaba al
mundo.
Más sorprendentes resultaban sus profecías que, en gran medida, se
vieron cumplidas después de su muerte. Entre ellas, Francisca advirtió
de que una guerra en España «enfrentará a hermanos contra hermanos», que
«una gran sequía azotará esta tierra», que
«los hombres y las mujeres no
se distinguirán por sus ropas» y que «llegará un tiempo en que veamos el
pan tirado por las calles y, en su lugar, se comerán bizcochos». Más
escalofriante resultó el anuncio, aún hoy no cumplido, de una guerra
nuclear.
Los periódicos nacionales atacaron a la Iluminada desde el principio. El
Español tildaba el caso de «escándalo increíble» y La Época recomendaba
el ingreso en un manicomio. Ella seguía predicando, en trances que
inquietaban a la autoridad eclesiástica. Hasta que enfureció. Francisca
se atrevió a advertir de que «dice Dios que me creáis porque sus
ministros no cumplen con su deber».
El enfado del obispo
La reacción del obispo de Orihuela fue inmediata al conocer que la
Iluminada lamentaba que, por la situación del mundo, «Dios está para
tomar un camino». «El camino del manicomio es el que debe tomar esta
mujer», sentenció el prelado. Entretanto, nuevos supuestos prodigios
extendían la fama de Francisca. Así, los diarios informaron de que
«cayó
del cielo una lluvia de oro y plata», que la muchacha identificó como
«trozos del manto de la virgen»; trozos que el propio cronista aseguró
haber visto. No todo fueron críticas. El Diario de Murcia publicó un
crónica, el 1 de julio de 1900, donde exigía respeto para «esta pobre
loca». Entre otras razones, porque «demencia peor que la locura es no
respetar a quien la padece; abultando con mil patrañas lo que decía».
Además, el Diario se preguntaba: «¿Por qué esta pobre mujer no había de
poder condenar tanto desprecio a la Ley Divina?».
El aljibe familiar se convirtió en una improvisada fuente milagrosa
cuyas aguas, según Francisca, sanaban cualquier dolencia. Aunque no
fuera esto lo más curioso. Algunas de las recetas y consejos que daba la
Iluminada a los enfermos que hasta Lorquí acudían en busca de remedio
pronto se hicieron célebres. Fue el caso de un hombre a quien recomendó,
para sanarle un miembro tullido, que cociera plumas de pavo blanco y
raíz de perejil. Después de tragar esta pócima debía masticar la cabeza
de un alfiler negro. A otro desgraciado le indicó que durmiera ocho días
en el tejado, con los brazos en cruz. Pese a todo, siempre planeó la
sospecha de que la joven nunca hizo estas prescripciones, sino más bien
sus detractores.
La situación llegó a tal extremo que el Gobernador Civil ordenó su
ingreso en el manicomio, el día 27 de junio, el mismo día en que una
tormenta causó grandes riadas en toda la Región. Un mes duró su
reclusión, tanto como la polémica por un internamiento que muchos
consideraban inapropiado. Cuentan que Francisca se comprometió a no
predicar más; pero lo cierto es que pronto anunció un nuevo trance, esta
vez vigilado por la guardia municipal de Archena. El enfrentamiento fue
inevitable y se saldó con decenas de lisiados, la muerte de un hermano
de Francisca y de un guardia, que dejó viuda y tres niños.
Francisca y su familia se refugiaron en la casa, donde velaron el
cadáver del hermano. Fue necesario que el juzgado ordenara a la Guardia
Civil derribar la puerta para acceder a la casucha. Y aquí se acabó la
romería. Nada se supo de la Iluminada hasta 32 años después, cuando La
Verdad publicó un breve sobre el suicidio de una mujer en Lorquí, que se
arrojó a una acequia. Tenía 57 años. Desde entonces se mantiene el rumor
de que fue asesinada.
De Francisca se olvidó la historia hasta 1963, cuando se produjo una
terrible explosión en el polvorín Archena. Muy pocos recordaban que
también lo había predicho la Iluminada.
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"Una imagen vale mas que mil palabras"

Fotografia de la ciudad de archen, lugar de
nacimiento de F. Guillen.

Ella profetizaba mas de 90 años antes la llegada de
lo hipies, con sus ropas.

Otra de sus profecias fueron las intensa sequias.
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