|
LA CIENCIA CONFIRMA LA PROFECIA MAYA
El 20 de enero de
este año, una sorpresiva tormenta solar alcanzó la Tierra con su máximo
de radiación sólo 15 minutos después de iniciarse la serie de
explosiones, cuando lo habitual son 2 horas. Según Richard Mewaldt, del
California Institute of Technology, fue la más violenta en los últimos
50 años. También ha sido la más misteriosa.
Los científicos creían que
dichas tormentas se producían en la corona solar por las ondas de
choque
asociadas a eyecciones de plasma. Sin embargo, en este caso parece
haberse originado extrañamente en el interior del Astro Rey, según
afirmó el profesor Robert Linn, de la universidad de California. Los astrónomos
expresaron su perplejidad. El profesor Lin –principal investigador del
satélite Reuven Ramaty High Energy Solar Spectroscopic Imager (RHESSI)–
concluyó su declaración con una frase muy significativa: «Esto significa
que realmente no sabemos cómo funciona el Sol».
En resumen: el
insólito fenómeno del 20 de enero ha pulverizado los modelos predictivos
de nuestra ciencia.
Pero
además, ¿por qué se produce una actividad tan intensa y anómala en este
momento? El pico de máxima actividad de nuestra estrella –en su ciclo
principal de 11 años– tuvo lugar en el año 2000. Dicho mínimo debía
producirse entre 2005 y 2006, unos 4 años antes del nuevo máximo,
previsto para el año 2010 o 2011, precisamente en vísperas de la fecha
para la cual los antiguos mayas profetizaron el final de la era
correspondiente al «Quinto Sol» y el comienzo de otro ciclo cósmico,
llamado «Sexto Sol».
Sabían algo los mayas que nuestra ciencia actual ignora? ¿Podrían ayudar
sus textos sagrados a los científicos, desconcertados por el extraño e
inquietante comportamiento del Astro Rey? Según sus
profecías, la causa física desencadenante es que el Sol recibiría un
rayo proveniente del centro de la galaxia y emitiría una inmensa
«llamarada radiante» que transmitiría esa radiación a la Tierra y al
resto del sistema solar. Este evento precedería al comienzo de un nuevo
ciclo cósmico. Según su cómputo,
habrían tenido lugar ya 5 ciclos de 5.125 años, completando una serie de
25.625 años, periodo muy próximo al de «la precesión de los
equinoccios», conocido como «Año Platónico» o «Gran Año Egipcio»,
correspondiente a un ciclo completo formado por las 12 eras astrológicas
(25.920 años). Según los mayas,
en la Tierra cada ciclo de 5.125 años habría sido el escenario de la
aventura de una Humanidad –«una raza» en su concepto– y habría acabado
con su destrucción, seguida por la regeneración que trae el siguiente
ciclo o «Sol». Al comienzo de éste se produce una sincronización de la
«respiración» de todas las estrellas, planetas y seres. El 11 de agosto de
3.113 a.C. los mayas fijaron el nacimiento del «Quinto Sol» –la era
actual– cuyo final llegaría en 2012. La Era del Agua habría acabado con
el Diluvio, la posterior a ésta con un diluvio de fuego y la nuestra,
llamada «del Movimiento», finalizaría con violentos terremotos,
erupciones volcánicas y huracanes devastadores. La mitología de
las culturas antiguas más diversas recoge la memoria de inundaciones
catastróficas que tuvieron lugar hace unos 12.000 años y de misteriosas
lluvias de fuego, hace algo más de 5.000 años, que investigadores como
Maurice Cotterell asocian a un gran cometa que rozó la atmósfera
terrestre. La predicción maya
también describe los 20 años anteriores al primer día del «Sexto Sol»
con cierto detalle. Este ciclo menor, que ellos denominaban Katum, ya ha
consumido casi dos tercios de su duración total. Ello nos permite
verificar hasta qué punto se han cumplido sus profecías hasta este
momento y, en consecuencia, decidir si su nivel de aciertos merece
suficiente credibilidad como para prestarles atención.
El último Katum –denominado por ellos «el tiempo
del no tiempo»– habría empezado en el año 1992 de nuestro calendario,
después de un eclipse de Sol que esta cultura pronosticó para el 11 de
julio de 1991 y que se cumplió puntualmente. En el concepto maya se
trataría de un periodo de transición, caracterizado por profundos
cambios cósmicos, telúricos e históricos. Es curioso
observar que en septiembre de 1994 se produjeron fuertes perturbaciones
en el magnetismo terrestre, con alteraciones importantes en la
orientación de las aves migratorias y cetáceos, e incluso en el
funcionamiento de la aviación. En 1996, la sonda
espacial Soho descubrió que el Sol no presentaba ya polos magnéticos
sino un único campo homogeneizado. En 1997 se produjeron violentas
tormentas magnéticas en el Sol. Y en 1998, la NASA detectó la emisión de
un potente flujo de energía proveniente del centro de la galaxia que
nadie supo explicar. Otra fecha
importante de las profecías mayas fue el eclipse total de Sol del 11 de
agosto de 1999, que también se verificó puntualmente. Según el Chilam
Balam –un libro sagrado maya–, siete años después del inicio del último
Katum (1999) comenzaría una era de oscuridad y las convulsiones de la
Tierra –seísmos, huracanes, erupciones volcánicas– aumentarían
sensiblemente. El 15 de
septiembre de 1999, sólo un mes después del mencionado eclipse, una
misteriosa explosión proveniente del espacio eclipsó durante horas el
brillo de algunas estrellas.Las radiaciones de ondas radio, rayos gamma
y rayos X multiplicaron su intensidad por 120. Astrónomos como Richard
Berendzen y Bob Hjellming, del Observatorio Radioastronómico de Nuevo
México (EE UU), calificaron este fenómeno como un enigma «digno de una
investigación detectivesca». El rayo y la llamarada radiante Ante estos hechos
objetivos cabe preguntarse: ¿podría ser esa misteriosa e inexplicada
radiación de 1999 el rayo proveniente del centro de la galaxia que,
según los mayas, alcanzaría al Sol antes del año 2012, cuando se
dispararan los fenómenos sísmicos? ¿No resulta también evocador de «la
llamarada radiante» que, según los mayas emitiría el Sol después de
recibir ese «rayo», la igualmente enigmática y anómala explosión solar
del 20 de enero de 2005, que ha dejado perplejos y sin respuestas a los
científicos?
El
eclipse del 11 de agosto de 1999 que precedió a la fuerte radiación
proveniente del espacio del 15 de septiembre de 2005 inauguró un periodo
de cataclismos naturales. No se trata de una
lista exhaustiva de catástrofes ni mucho menos, sino sólo de una muestra
de algunos fenómenos muy destructivos, ocurridos tan sólo en los dos
meses que siguieron al eclipse de agosto. Incluir los conflictos humanos
que estallaron en esos dos meses y otras catástrofes naturales
requeriría un abultado volumen. En este mismo
número se recogen otros datos sobre el aumento espectacular de los
seísmos, erupciones volcánicas y meteoros violentos. La comparación de
la intensidad y la cantidad que estos fenómenos tuvieron en los últimos
años con periodos anteriores revela que experimentaron un incremento
espectacular en este periodo que los mayas denominaron «el tiempo del no
tiempo».
Después de la potente y anómala radiación emitida por el Sol el 20 de
enero de este año se han disparado las erupciones volcánicas, que ya
habían experimentado un incremento notable después del eclipe de 1999.
En todo 2004 se registraron 31 erupciones significativas.
l
Según dichas profecías, a partir del eclipse de 1999 se incrementarían
las guerras y la destrucción.
El
cono de sombra de este eclipse se proyectó precisamente sobre Medio
Oriente, Irak, Irán, Afganistán, Paquistán e India, señalando un área
sacudida por los conflictos más sangrientos y la amenaza permanente de
una confrontación entre Paquistán e India, ambos con arsenal nuclear.
Al
acercarse el 2012 una ola de calor aumentaría la temperatura del
planeta, produciendo cambios climáticos, geológicos y sociales sin
precedentes, con una rapidez asombrosa. Estamos inmersos en dicha
dinámica. El acelerado derretimiento de los glaciares en todo el mundo y
la aparición de zonas verdes en la Antártida es ya un hecho confirmado
científicamente. También anunciaron los cambios inesperados de la
actividad del Sol que los científicos están verificando.
Las
profecías mayas pronostican la aparición de un cometa, con alta
probabilidad de un impacto contra la Tierra. Curiosamente, también en el
Apocalipsis de San Juan se predice la llegada de este cometa llamado
«Ajenjo» como signo del «Final de los Tiempos».
Otra
coincidencia llamativa es que el 11 de agosto de 1999, no sólo tuvo
lugar el último eclipse total del milenio, sino la formación de una
configuración astrológica muy rara: la Gran Cruz Cósmica, formada en los
signos de Tauro, Leo, Escorpio y Acuario, por el Sol, la Luna y tres
planetas (AÑO/CERO, 102).
Estamos ante un simbolismo complejo que encaja con las profecías mayas
del comienzo del «Sexto Sol»: una nueva era que, según su predicción,
supondrá «el final del tiempo del miedo» y una Humanidad renovada
cósmicamente, que construirá una civilización superior a la actual.
Esta convergencia
de expectativas, independientes unas de otras, que avalan las profecías
mayas es otro hecho a tener en cuenta.
Resulta inevitable recordar a maestros como Sri Aurobindo que, junto a
su compañera Madre y su discípulo Satprem, promovieron una
transformación fisiológica, convencidos de que, en un ser humano
superior, debería producirse «el despertar» del cuerpo a nivel celular e
incluso de los átomos. Una evolución progaramada Aurobindo enseñó
que se produciría «un descenso de la luz superior a las partes más bajas
de la naturaleza», que favorecería el acceso del ser humano a un nivel
de conciencia más elevado que el actual.
¿Podría este cambio ser activado o favorecido por ese gran evento
cósmico que anunciaron las profecías mayas? ¿Podría ese salto
vibracional del Universo, transmitido por el Universo al Sol y por éste
a la Tierra, estar impulsando «la gran transformación» que, según los
mayas, llegará definitivamente a nuestro planeta el sábado 23 de
diciembre de 2012? En este final del
último Katum del calendario maya el Cielo nos pone ante una encrucijada:
autodestrucción o transformación. Nos hallamos, por tanto, en una
especie de «tierra de nadie»: una fase definitiva que ya no pertenece a
la vieja era, pero tampoco a la que amanecerá dentro de siete años,
cuando se abra «la puerta» cósmica de un tiempo renovado.
En
cualquier caso, nos parece evidente que los hechos corroboran las
profecías mayas lo suficiente como para tomarlas en serio y examinarlas
sin prejuicios a la luz de lo que sabemos del mundo. ¿La evolución
biológica y psicoespiritual responde a una programación cósmica
inteligente?
Fuente: Año Cero
Volver a página principal de www.argemto.com.ar |
FOTOGRAFÍAS
RELACIONADAS
Los mayas basaban su ciencia en los ciclos solares y la influencia de este en el clima terrestre, una vista de las explosiones solares.
Astrónomo Richard Berendzen
|